La observación directa del mar es imprescindible para su representación pictórica, ya que cada mar posee colores, movimientos y luces distintos, lo que evoca en el espectador emociones y sensaciones únicas.
José Miguel Zubillaga, sintió la necesidad de acercarse al mar y plasmar en su obra lo que este le evocaba. Su representación del Mar Cantábrico, con sus colores y naturaleza particulares, difiere notablemente de la del Mediterráneo, lo que se traduce en una variación en los colores y el comportamiento del mar.
En los cuadros de marinas se puede apreciar una gran riqueza de mensajes, a menudo utilizados por el artista como medio para expresar estados de ánimo, ocultando múltiples significados.